Rompiendo Barreras Edición 92 - Invierno 2012

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En esta edición, oiremos relatos de diáconos, ancianos y pastores que viven con discapacidades.

Cuando entender lleva a servir

Elizabeth Schultz, diaconisa de la iglesia Faith, Holland, Michigan

Constantemente he tenido que probarme a mí misma por el hecho de crecer con parálisis cerebral que afecta a mis movimientos y a mi habla. Ahora que soy adulta, tengo que decirle a la gente que soy graduada del college para que así no tengan que hablarme como si fuera un bebé. Algunos piensan en mí como si fuera un proyecto. Ven mi silla y me oyen hablar y por ello asumen que intelectualmente tengo una discapacidad. Obviamente no piensan en mí como una líder.

Cuando me uní a una nueva iglesia (Iglesia Faith), el cambio en la percepción del público – de ser un proyecto a ser una líder – fue simplemente algo que no pude creer. Después de 44 años, un cuerpo de creyentes realmente me entendieron. Ahora tengo ver-daderos amigos de mi edad.

Este cambio se hizo claro un domingo cuando el pastor Jim me dijo que he sido nominada para ser diaconisa administrativa. En ese momento supe que había sido bendecida con una iglesia de familia que había entendido. Puede que físicamente no pueda hacer lo mismo que hacen los demás, pero sí puedo hacer ministerio.

Después de haber sido elegida diaconisa, quise hacer mi parte aunque al principio pensé que no iba a poder recoger la ofrenda. Luego, conversando con otro miembro de la iglesia que también tiene una discapacidad, se nos ocurrió la idea de agregar algo a mi silla que pudiera sostener los platillos de la ofrenda. Presenté la idea a alguien de la iglesia que trabaja con metal, Paul Rietveld quien lo hizo para mí. Era fantástico que la primera vez que recogí la ofrenda en forma independiente, ¡justo el fin de semana del día de la independencia!

Sirvo también en el equipo administrativo de la iglesia, en el concilio como enlace entre el comité de adoración y el concilio, y como uno de los diáconos delegados para asistir a las reuniones del clasis.

Debido a que vivo con discapacidades es que puedo proveer una perspectiva que otros no pueden. Por ejemplo, en la última reunión del clasis se habló de una nueva plantación de iglesia y que servir a personas con discapacidades sería una parte importante de este ministerio. Pude entonces hacer las preguntas que otros quizás no hubieran ni siquiera pensado como también pude proveer las res-puestas a preguntas que otros tenían.

Aparte de mi compromiso en la iglesia Faith, sirvo también como presidente del Haworth Holland Toastmaster y trabajo medio tiempo como instructora para el Ottawa County Community Mental Health enseñando en los empleados de la zona sobre cómo trabajar con personas con discapacidades.

Aunque en este artículo aparezco bastante, no se trata de mí en realidad. Se trata de Dios quien me ha bendecido con una iglesia de familia que entiende y celebra las diferencias. Si no hubiera sido por Dios, no estaría aquí. Doy toda la gloria a Dios, de hecho, agradezco a Dios por mis discapacidades porque a través de ellas, es que hoy soy la mujer que soy.

Del camino y en la vía

Robyn Saylor, ministro y coordinadora de Sunrise Ministries, Grand Rapids, Michigan

Es incómodo sentirse en el camino de los demás. De hecho para mí no hay nada peor que sentir que soy un impedimento para el progreso de otros. Como alguien que vive con parálisis cerebral, a menudo me siento que soy una carga para los demás. Durante mi juventud me sentía culpable por necesitar tanta ayuda. Mi familia cuando trata de hacer sentirme mejor, era hacer que alguien fuera conmigo en los viajes que incluía pasar la noche con el grupo de jóvenes. Hasta el día de hoy, de hecho alguien de la iglesia reformada Trinity (cuando sirvo como coordinador de Sunrise Ministries) viene para ayudarme con mis necesidades personales. Esta persona me ayuda a mí y a mis compañeros de trabajo a concentrarnos en lo que tenemos que hacer.

He utilizado el máximo de mis fuerzas para llegar a ser independiente. Con el paso de los años he rechazado compromisos y oportunidades para servir a Dios y a la iglesia porque no puedo hacer las cosas en forma independiente. Las barreras físicas, difíciles e imponentes que son, son una fracción del problema. El problema real es la forma en que yo y los miembros de la comunidad reaccionan frente a mi discapacidad.

Hace cuarenta y cinco años no existían movimientos sobre los derechos del discapacitado y mucho menos la idea de que ?todos pertenecen – todos sirven. Se requirió el esfuerzo de personas con discapacidades, de sus familias, de pastores con un sentir hacia los discapacitados, también como algunos miembros de las congregaciones el ver que todas las personas son creadas a la imagen de Dios. Tomó tiempo ver que todas las personas son capaces de utilizar los dones recibidos para la gloria de Dios.

Desde Génesis 1 hacia delante, Dios nos llama a incluir a todas las personas como parte de la preciosa creación. Jesús mismo se identificó con el marginado y el olvidado entre nosotros: ?De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Aun tenemos un largo recorrido de fe juntos. Nuestras comunidades de fe tienen que crecer en su sensibilidad hacia las necesidades de las personas y pensar en forma creativa sobre como acomodar e incluir a cada uno. Las personas con discapacidades como sus familias tienen que dar un paso al frente, servir en comités y tener una parte activa en la formación del futuro de sus iglesias. Nosotros que somos afectados con discapacidades necesitamos hablar y abogar por nosotros o por nuestros familiares en cuanto a los cambios que tienen que ocurrir para poder mejorar la riqueza y profundidad de los programas de la iglesia.

Mi forma de pensar ha ido cambiando con el paso del tiempo. Ahora entiendo que la inclusión es un principio bíblico y al igual que la iglesia primitiva que se llamó ?gente del Camino, si estoy ?en el camino? debe ser porque Dios quiere que esté ahí, trayendo inclusión a las primeras filas de la misión de la iglesia.

Sirviendo con Enfermedad Mental y con Cristo

Ron Hathaway y Jill Fenske, Iglesia Reformada Franklin, New Jersey

Por tres décadas mi discapacidad encontró su capacidad en Cristo. A través del aliento, tolerancia y tiempo, mi vida fue envalentonada por la fe. Jesús dijo, ?para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible? (Mateo 19:26). Pablo escribe, ?todo lo puedo en Cristo...? (Filipenses 4:13).

Estoy en mi segundo período como anciano con la iglesia reformada Franklin. He predicado también aquí y considero que el ministerio ha sido bien recibido y efectivo. Mis dos a tres años de mi período orando, trabajando, riendo y amando a los demás en esta iglesia ha hecho el ser cristiano una carga liviana. He tratado de hacer la carga de otros un poco más liviana a través de escribir cartas o enviando una tarjeta. La iglesia ha ayudado proveyendo las esquelas, tarjetas y estampillas. Tengo un gran sentir por aquellos que sufren, porque se cómo puede ser.

Mi discapacidad – la enfermedad mental – puede ser una enfermedad cruel y paralizante, pero he encontrado apoyo, ánimo y aceptación en nuestra iglesia. Es ?mi hogar. Aquellos que padecen enfermedades mentales a menudo sienten temor de los demás, los esquivan y alejan. Hay muchos estereotipos, historias y estigmas asociados a la esquizofrenia paranoide, pero en mi iglesia he encontrado inclusión, tolerancia y aceptación.

—Ron Hathaway, anciano

Los dones que Ron Hathaway trae a la iglesia son variados, y a veces no se sienten como regalos sino hasta que le quitamos el envoltorio. Ha sido un aliento para otros cuando se mantiene conectado con los demás miembros, especialmente en momentos difíciles. Su predicación (como joven que ha estudiado en el seminario por dos años) proviene de un trasfondo de una profunda humildad y reverencia por el texto. A veces él se esfuerza para articular las ideas y tiene dificultades con recordar, pero esto nos ha ayudado a aprender de otras formas a ser pacientes, y seguir tratando de hacerle sentir cómodo aun cuando nos es difícil escuchar y entender sus ideas.

Ron nos ha ayudado a aprender a abrirnos a las discapacidades. Podemos hablar entre nosotros en forma honesta acerca de nuestro propio quebrantamiento sin temor a ser juzgados porque hemos visto la aceptación que ha recibido entre nosotros. La comunidad de nuestra iglesia ha podido ayudar a través de regalos, transporte, cosas personales, etc. Hemos también desarrollado una relación con el hogar donde vive junto a otros veteranos que viven con enfermedades mentales. Ofrecemos ayuda desde donaciones directas, compartiendo comida que queda después de los eventos que se realizan, coleccionando cosas como calcetines nuevos, máquinas de afeitar nuevas y con cánticos de navidad cada año.

Hemos visto que este proceso de abrir nuestros ojos y nuestros corazones a aquellos que las circunstancias de la vida ha sido difícil, y que la sociedad quizás ignore, conocemos a Jesús.

—Jill C. Fenske, pastor

La creatividad produce cambios de actitud

Pat Huisingh, defensor regional para el clasis de Zeeland (ICR)

Los domingos en la Iglesia Cristiana Reformada de Borculo en Zeeland, Michigan, Dan Woodwyk de 39 años, hace lo que ama hacer: ayuda en todo lo que pueda ayudar. Dan, quien tiene síndrome de Down, ha sido ujier por más de 13 años. Conoce a cada uno de la congregación y sabe dónde dar paso a los ancianos para que se sienten con sus familias. Se alegra cuando ve su nombre en el boletín en el calendario de los ujieres. Dan quiere ayudar de otra forma también, y por eso en Diciembre 2005 Dan fue instalado como asistente de diácono. Recoge la ofrenda algunas veces en el mes según el calendario y también lo hace cuando algún otro diácono no ha estado.

“Simplemente le gusta hacerlo”, dice Brenda Woodwyk, la madre de Dan. “Él se pone muy contento cuando le toca llevar los platos de ofrenda al frente para la oración. Esto ha sido muy bueno para su concepto de sí, porque muchas veces hemos tenido que decir no a cosas que realmente no puede hacer. Pero esto, definitivamente podemos decir SI. ¡No haya las horas de que sea domingo!”

Como hermano de la iglesia Borculo, puedo ver de primera mano lo que esto ha hecho. Su rostro muestra lo orgulloso que está de ayudar. Su puesto es renovado todos los años, y hace un muy buen trabajo que no hay cuestionamiento en cuanto que es la persona correcta para este trabajo.

Debido a que nuestra iglesia tiene varias personas con discapacidades, nos hemos dado cuenta de un número de cosas que se necesita hacer para que todos sean bienvenidos. Cuando añadimos salas de clases, hicimos varios arreglos para que el edificio sea accesible. Añadimos un ascensor amplio que se abre en el nivel más bajo, en el subterráneo y en el primer piso. Cada domingo los diáconos hacen funcionar el ascensor y proveen servicio de valet para los vehículos a todo aquel que necesite ayuda. Su trabajo es ayudar a las personas durante todo el año, especialmente en invierno. Añadimos también un hipoacusia, baños accesibles y muchos de los bancos de la iglesia fueron cortados para espacio a las sillas de ruedas.

Brenda Woodwyk dice que ella ha visto muchas diferencias en cómo las personas con discapacidades son tratadas en las iglesias comparado hace 39 años, cuando Dan nació, y ella cree que este ministerio de Cuidado al Discapacitado ha ayudado para que las actitudes cambien. Espero y oro para que muchas iglesias piensen en forma creativa y usen los talentos de todos en la congregación, para que las iglesias sean abiertas y accesibles a todo aquel que cruce la puerta. Cuando hacemos esto, vemos como el cuerpo de Cristo crece y cada persona tiene un lugar para utilizar sus talentos únicos para la gloria de Dios.

El ministerio como la vida, sucede mejor en comunidad

Joy Poot, miembro de la Iglesia Reformada de Drayton, Drayton, Ontario, y estudiante en el Western Theological Seminary, Holland, Michigan

Hace tres años fui bendecido con un quiste en mi cerebro que causa ataques epilépticos – una bendición que fue añadida a la pérdida de la audición y al proceso auditivo central. Escogí la palabra ?bendición en forma intencional, porque en un día bueno puedo reconocer las bendiciones y los desafíos. (¡En un día malo es una historia completamente diferente!)

Todos los días enfrento nuevos desafíos. No todas las aulas están hechas para oír bien, no todo congregante habla en forma clara como para poder leer, y no todos los destinos son fáciles de caminar o están a una distancia en bicicleta. A pesar de las frustraciones, estos desafíos son bendiciones porque me enseñan muchas cosas.

Primero, aprendí que nadie es lo que vemos exteriormente. A menos que me veas teniendo un ataque serio, no tendrían ni idea que tengo epilepsia. A menos que notes mis audífonos o me vean firmando en un momento de frustración, no tendrías idea que no puedo oír o no entiendo gran parte de lo que sucede alrededor mío. De la misma forma, no juzgaría a las personas por su apariencia. Todos tienen una historia más profunda – desde los padres que parecen tener hijos perfectos, a miembros de la iglesia que veo como ?santos de fe, o a personas que aparecen haber viajado a los lugares más difíciles de la vida. Sus vidas pueden ser más complejas de lo que puedo imaginar.

Segundo, estoy aprendiendo a escuchar bien. No puedo oír en forma perfecta e incluso cuando oigo, me cuesta entender lo que se dijo debido a la complicación que tengo para procesar lo que escucho. Escuchar bien significa tener que mirar tu rostro cuando me hablas, verificar para clarificar en lo que creo que oigo, y tomar tiempo para estar bien presente cuando me estás hablando. Necesito también reír cuando se malinterpreta y preguntar a los que están alrededor mío para que me expliquen. Hay ciertas palabras que suenan muy similar. ¡Es bueno tener compañeros que me ayudan cuando me confundo!)

Tercero, he aprendido que no puedo vivir solo. No puedo hacerlo solo y tú tampoco. Todos venimos a la vida y al ministerio con nuestros propios desafíos y dificultades, pero no nos acercamos a ellos solos. Llegamos a ellos en comunidad y nos alientan cuando descubrimos que no podemos hacerlo todo solo. Esa es la cosa más importante: no podemos vivir solos.

Hay días cuando las frustraciones son muchas, cuando pierdo de vista las bendiciones y solo veo los desafíos. Esos son los días cuando el Señor obra en mí como también en otras personas de forma clara, y me recuerda que él usa estas bendiciones para llevarme más cerca de él y a su pueblo.

 

Nota del editor - Discapacidad: ¿Ingresos o Salidas?

Mi entusiasmo por el ministerio en la iglesia que tenía cuando me gradué del seminario se vio atenuado por las frustraciones del proceso de candidato que se prolongó alrededor de un año. Una docena de curriculum vitae y cartas se enviaron a una variedad de iglesias de la Iglesia Cristiana de América – grandes y pequeñas, pastorado y ministerios, desde la costa Este al Oeste. Menciona cualquiera, yo postulé para ella.

La barrera invisible que presentí fue que ninguna iglesia en ese tiempo admitiría mi discapacidad, cosa que no promocioné pero que si era visible. Cuando llegó el momento de la entrevista con diez iglesias distintas, recibí diez cartas de ?gracias, pero no gracias?, mi confianza en la soberanía y providencia de Dios se iba debilitando.

Fue hace 25 años, y aunque mi fe en Dios y en sus propósitos redentivos habían profundizados, cada rechazo que recibí asociado a mi discapacidad todavía duele. De hecho, la única vez en que mi discapacidad se sintió como una ganancia al buscar un trabajo, fue cuando tomé mi puesto actual como Coordinador para el Cuidado del Discapacitado en la Iglesia Reformada en América.

Estoy agradecido por las formas en que Dios ha dirigido mi vida, a pesar de esas ocasiones cuando parecía que los deseos e intenciones de Dios estaban siendo frustradas por las decisiones de otros. Mi esperanza para la iglesia es que los dones de todas las personas puedan ser confirmados y comprometidos, incluyendo aquellos (con discapacidades o sin discapacidades) a los que Dios ha llamado para guiar nuestras congregaciones como diáconos, como ancianos y como ministros.

—Terry A. DeYoung

 

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© 2011 Ministerio del Cuidado para el Discapacitado de la Iglesia Cristiana Reformada en Norteamérica y la Iglesia Cristiana en América. Rompiendo Barreras es publicada cuatro veces al año por el Cuidado para el Discapacitado de la ICR, 2850 Kalamazoo Ave. SE, Grand Rapids, MI 49560-0800, y P.O. Box 5070, STN LCD 1, Burlington, ON L7R 3Y8; y por el Cuidado para el Discapacitado de la IRA, 4500 60th St. SE, Grand Rapids, MI 49512-9670. Rev. Mark Stephenson, Director de Cuidado para el Discapacitado de la ICR (888-463-0272; [email protected] , y el Rev. Terry DeYoung, Coordinador para el Cuidado del Discapacitado de la IRA (616-541-0855; [email protected]), juntos editan Rompiendo Barreras. Se autoriza para copiar los artículos siempre y cuando se reconozca su procedencia.

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