¿Qué es lo que falta?

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"Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. Así confirmaré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera. Al oír que Dios le hablaba, Abram cayó rostro en tierra...” (Génesis 17:1-3 NVI)

¿Por qué el racismo siguen siendo parte de la iglesia? El mismo Dios que le habló a Abram,  nos habla también a nosotros que componemos la iglesia. Quizás lo que falta es caer de cara al suelo de la misma forma que lo hizo Abram.

Abram necesitaba aprender cuan necio fue confiar en sus capacidades, en sus ideas brillantes, y su tremenda planificación. Abram necesitaba saber brutal y amargamente que ayudar fue la cosa más estúpida que pudo haber hecho. Dios le dice a Abram quién es Él, el Dios Todopoderoso. Aquel que tiene poder sobre todo. ¡Que puede hacer cualquier cosa! Él es competente y sabe muy bien qué y cuándo hacer las cosas. Dios muy bien podría haberle dado el hijo que quería, pero no lo hizo porque aún no era el tiempo.

Dios se aparece a Abram y le dice, Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable.

Las palabras de Dios son hermosas y llenas de amor. Dios le asegura a Abram que él es Todopoderoso. Dios sabía por lo que Abram había pasado. Sabía que la falta de fe lo había llevado a cometer errores terribles que afectaron su vida y las vidas de otros. Dios sabía que era necesario afirmar la fe de Abram. El Señor quería que Abram supiera lo tremendamente poderoso que es. La promesa que Él haría, a Abram le sonaría imposible: tener un hijo a su edad con su esposa también de edad y además estéril.

En términos humanos, la promesa que Abram iba a recibir puede sonar absolutamente irracional. ¡Solo imagina escuchar algo así! Nuestra pequeña y mortal mente no puede procesas algo imposible e inconcebible. La única manera de aceptar un milagro como este, no es con la inteligencia o la lógica, sino solo por la fe.

Luego, Dios le dice que debe vivir en su presencia. ¿Qué podría significar esto? Es estar en la presencia misma de Dios cada segundo de su vida. Es estar en una íntima relación personal con Él (Lev. 26:12). Vivir no es algo estático. Es acción, está en un proceso constante. Vivir es estar continuamente aprendiendo quién es Dios, aprendiendo sobre Su carácter y actuar de acuerdo a ello (2 Juan 1:6) Este vivir implica hacer lo que Él quiere, y no lo que yo desee. Es ir donde Él vaya, e ir donde Él quiere que vaya.

Pero, eso no es todo. Dios añade además: “sé intachable”. Si Abram vive en la presencia de Dios, el resultado natural es que sería intachable. Sería alguien completo, libre de impurezas, una persona íntegra. Alguien que escoge correctamente con quien se junta, alguien quien no tiene relación con los malvados (Salmos 1:1-2). Para que Abram sea obediente, crezca en la fe y viva según los principios y valores de Dios, es necesario que viva en la presencia de Dios. Sería una gran contradicción vivir en la presencia de Dios y no tener un comportamiento íntegro. Es tener el Espíritu Santo y no producir sus frutos. Ser intachable va relacionado con frente a quien vivimos. Dependiendo frente a quien vivimos, es lo que define quienes somos.

“Así confirmaré mi pacto...”. Las condiciones que Dios le da a Abram están llenas de amor, de compasión y cuidado. Es una invitación donde el único beneficiado es Abram. Dios sabe muy bien que vivir en Su presencia y ser intachable no es fácil. Abram, a través de su dolorosa experiencia mostró no conocer bien al Dios que lo llamó.  Abram entonces responde cayendo rostro al suelo, rindiéndose completamente al Dios Todopoderoso.

Es imposible no conmoverse después de leer estos tres versículos. Dios nos invita a vivir en Su presencia, afirmando que Su gran poder nos permitirá tener una vida congruente a la nueva naturaleza que ahora tenemos gracias al sacrificio lleno de amor que hizo Su Hijo.

Entonces, ¿qué falta en la iglesia hoy? ¿Más talleres, o traer personas de color a mi congregación, o tener lecturas y canciones bilingües, invitar a personas de diferentes etnias a predicar? Aparentemente no. Lo que falta es algo más profundo para obtener el entendimiento y la humildad que tuvo Abram cuando Dios le habló. Lo que Dios le dijo a Abram fue tan poderoso que la única respuesta aceptable fue caer al suelo en completa entrega a Él.

La única manera de controlar el pecado del racismo en nuestras iglesias es escuchar Su voz, tener una respuesta humilde, vivir en Su presencia y ser intachable.

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