Soportando el Dolor de la Historia

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La semana pasada tuve la segunda cirugía en mi ojo donde el cirujano debió quitar el cinturón de aceite sintético que por un espacio de cuatro meses ayudó a la retina a permanecer en su sitio. Después de quitar el aceite, introdujo una burbuja de gas que se disipará por sí sola en un par de semanas. Para permitir que la burbuja de gas cumpla su propósito, pasé cuatro días "fuera de combate", como habría dicho mi padre.

Después de haber estado casi un año trabajando, estudiando, investigando y escribiendo el curso.  “La Ideología de la blancura” que ahora está en línea, no había tenido la oportunidad de hacer nada como estos cuatro días. No fue si no hasta me senté frente a mi computador nuevamente, que sentí el tremendo peso de todo lo que mi mente y mi cuerpo recibieron durante ese período, sumando además la pandemia, los conflictos políticos y el racismo que fuertemente se ha hecho presente desde muchos ángulos.

Ahora, la historia es algo que me apasiona. Pero, el asunto no es el estudiar historia. Cuando se investiga el otro lado de la historia, esa de la que casi no se habla. Darse cuenta de que la iglesia fue partícipe del dolor y sufrimiento de tantos, duele mucho más.

Puedo aceptarlo si la iglesia no estuviese involucrada en afirmar y mantener la idea de que existen personas, creadas a la imagen de Dios. Cómo crear una distinción clasificando personas inferiores, creadas para servir a los que son superiores.  Hacer esto los creyentes cometieron una grave pecado contra el Señor y la humanidad.  Abrazaron una herejía, catalogando a personas como paganas, salvajes e incivilizadas, y sobre todo incapaces de recibir el evangelio. No solo lo afirmaban, sino que además confirmando que esta incapacidad era hereditaria y arraigada en los corazones y almas. Entonces, ¿qué sucede ahí con el llamado a compartir el evangelio?

Es lamentable “descubrir” nombres de ministros reformados afirmando estas declaraciones desde el púlpito. Gerald Francis De John dice que muchos de estos respetados ministros de la Dutch Reformed en la colonia americana durante el siglo XVIII eran dueños de esclavos [1].  De forma específica cita al reverendo Johannes Ritzema, presidente de la Dutch Reformed de Nueva York durante los años 1800. Un panfleto interesante en el mismo período e interesante de leer es “La esclavitud no es pecaminosa” [2] apoyando sus afirmaciones esclavistas.  Era difícil para estos ministros reformados y principalmente para la iglesia madre en Holanda, criticar o ir contra la esclavitud, ya que gran parte de los salarios e ingresos dependían de la trata de esclavos. Holanda estuvo involucrada en la trata de esclavos entre los años 1596 y 1829 transportando más de medio millón de esclavos africanos a través del Atlántico. Sus entregas llegaban a las plantaciones en América, el Caribe y Brasil otorgando grandes riquezas a Holanda. 

Hoy no escuchamos declaraciones abiertamente racistas desde el púlpito. Sin embargo, ¿es realmente cosa del pasado?  El hecho de que exista una oficina dedicada a contrarrestar el racismo confirma lo contrario. El hecho de que el 20 de abril del 2021 un policía fue declarado culpable por la muerte de George Floyd, una persona negra, confirma lo contrario. ¿Es acaso el racismo  cosa del pasado?

La brutalidad del racismo sigue en nuestro presente y es muy probable que siga en el futuro.

A menudo hacemos la vista gorda a un beneficio que podamos recibir. Pero al hacerlo, faltamos a nuestros principios y valores. Recuerdo a un gran personaje de la televisión de mi país, Chile, un hombre admirado y respetado por muchos e invitado por varios países. Durante el período de la dictadura, él era la cara principal de las noticias de las 9 pm.  La admiración y respeto que sentíamos por él, decayó grandemente porque sabíamos que lo que leía, no era lo que realmente estaba sucediendo. Hasta que un día, sin anuncio y de forma inesperada no apareció más leyendo las noticias. Uno de los dos periódicos que aún se atrevía a oponerse a la dictadura, aparece la entrevista respondiendo por qué ya no estaba en el noticiero. “Llegó un momento en que ya no pude verme al espejo”. Eso me quedó muy grabado porque para hacer lo que él hizo, en el contexto en que vivíamos, había que tener agallas.

En mi vida personal, he ido aprendiendo sobre la importancia de permanecer en el estado de contricción por un período de tiempo. Me permite pensar y reflexionar en mis actitudes y comportamientos negativos y dañinos. Me ayuda a sopesar el asunto y no apurarme en el proceso de enfrentar y confrontar aquello que debo cambiar, para luego confesarme frente al Señor y recibir de Él ese renuevo que solo Él puede dar.

Holanda, lidia ahora con su pasado. En julio 2020 el primer ministro holandés dijo: “para algunas personas esto va demasiado lejos. ¿Se puede responsabilizar hoy a las personas por un pasado distante?” [3] Entretanto, otros tratan de no dar vuelta la página, como si nada hubiera sucedido. [4]

Tal como en nuestras vidas tenemos una historia de la que no nos podemos separar, Holanda y Estados Unidos tienen su historia oscura. Un pasado que no es grato, pero no hablar de ella no hace que se disipe. La iglesia no queda fuera tampoco, puesto que también tiene su historia oscura, y el no hablar de ella, no hará que se desaparezca como la burbuja de gas que el cirujano puso en mi ojo. 

La mejor y única manera de seguir adelante, es ser fuerte, valiente y confrontar el pasado.

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